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17 oct. 2010

Carta

Carta al infinito:


Querido infinito, me llamo María, y eres el destinatario de esta carta de desesperación . Quizá por que no sé ni quien eres ni si existes de verdad. Y es mucho más fácil contarle las cosas a alguien ajeno. Suelo creer todo lo que dicen por ahí. Y por eso creo que estás ahí fuera, acechando. Hubo un tiempo en que hasta creí en los unicornios y cada mañana me ponía el despertador a las 5 de la mañana y me acercaba a la ventana esperando encontrar un ser blanco y brillante con un cuerno de color azul sirena. Lo cierto es que nunca apareció. Me enfadé mucho con la persona que me lo contó. Desgraciadamente nunca pude decírselo por que se fue sin decir adiós. Si me lees ahora, quiero que lo sepas. Estuve muy enfadada. Ya no. El enfado me duró muy poco. Nunca supe enfadarme de verdad. Entrené frente al espejo durante siglos, y nada. Lo único que me salieron fueron dos surcos muy extraños en la frente, de tanto arrugarla, que constituyen una forma de estrella muy graciosa, y a veces, si estoy en la oscuridad y estoy contenta, brilla. Es fluorescente.

Supongo que este tipo de rarezas hicieron de mi infancia, una infancia peculiar, que no triste.

Aunque bueno, todo esto no viene a cuento en la carta de desesperación al infinito.

Siempre me voy por los cerros de Úbeda. Empiezo las cosas y nunca las termino, todo ello propio de mi impaciente personalidad. Todas las noches se me enfría el poleo menta en la mesilla de noche. Está muy caliente al principio, y soy tan impaciente que tras quemarme la lengua, acabo dejándolo de lado y para cuando me he dado cuenta, está helado. Lo mismo me pasó con todos mis novios. Y con mis mascotas. Nunca hubo un término medio, un término templado. Me he dado cuenta que lo templado es el equilibrio. Desgraciadamente no es mi caso, aunque soy libra. Aquellos que seáis “equilibrados” escribidme una postal (una bonita si es posible) y contadme el secreto. Me gustan los secretos pero guardo tantos que se me olvidan. Recomiendo solo guardar una media de diez. Si son más, pierden el valor.

El caso, querido infinito, es que ando buscando una cosa que no encuentro. No sé si la he perdido o es que simplemente nunca la poseí. Quizá conjurando tu ayuda junto con la ayuda de las estrellas pueda llegar a ello. Hazme una señal, haz que la estrella se vuelva roja y entonces entenderé que debo continuar el camino.

Y ya me despido, por que como dije antes, odio la gente que se va sin despedirse. Es de muy mala educación. Más vale una despedida triste que una no despedida.


Hasta Pronto,


María


Foto + Letra by Esperanza de la Fuente




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